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Análisis sobre el sistema de aportes

Informe de economistas afirma que la reformulación realizada en el Fondo de Solidaridad busca mayor equidad en el sistema. Señalan que el aporte que realizan los egresados es poco en relación a los ingresos, al costo del Estado en formarlos y al costo de una carrera privada.

Andrea Doneschi, Victoria Novas y Cecilia Velázquez han realizado varios trabajos sobre el financiamiento del Fondo de Solidaridad, compartimos los resultados difundidos en el  programa No Toquen Nada del miércoles 5 de julio. Fueron entrevistadas Andrea Doneschi (magister en economía internacional, docente del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales) y Victoria Novas (candidata a magister en economía internacional y asesora profesional del Ministerio de Economía y Finanzas).

El informe señala que cuando no se cobra en función de los ingresos se generan inequidades, desde el Fondo de Solidaridad se buscaron las formas de mejorarlas. La reformulación del sistema de aportes tomó como fuente el informe y trabajos de las economistas, buscó aproximarse a los ingresos de las personas y ser más equitativo teniendo en cuenta que es una contribución especial y no un impuesto.

El análisis marca que el sexo y los años de egreso son dos variables claves que aproximan muy bien el ingreso. Las mujeres ganan en promedio menos que lo hombres, pero claramente una contribución no se paga en función del género.  Estudiaron el ingreso de los egresados universitarios a lo largo de su ciclo de vida, las personas no ganan lo mismo cuando recién egresan que al final de su vida activa, crece con los años. El Fondo de Solidaridad tomó esa variable en la reformulación, luego de culminada la carrera durante los primeros 4 años no se aporta, de 5 a 9 años de egresado se aporta la mitad y con 10 y más años de egreso se aporta el total.

Otra de las causas que mejoró la equidad en el Fondo de Solidaridad fue el aumento del mínimo no imponible (que se duplicó e igualó al del IRPF). Alguien que estudia en la Universidad, en particular en Uruguay, tiene retornos por ello. Sin embargo, puede ser que decida no trabajar de lo que estudio o no haya tenido éxito, esto se contempla al no cobrarle a los que tienen bajos ingresos.

Sobre el ejercicio o no de la profesión, las economistas consideran que es una discusión de otro siglo. Vale preguntarse qué es ejercer la profesión en el día de hoy, en el caso de un escribano está claro que necesita el título para firmar, pero hay otros casos como un ingeniero que es gerente de una empresa, en donde es más discutible.

Con respecto al posible cobro de una matrícula, están muy en desacuerdo porque justamente lo que tiene la matrícula es que restringe el acceso. Aquellos individuos que no pueden pagarla no podrían acceder a la educación terciaria. Sin embargo, con el sistema del Fondo se puede estudiar de forma gratuita y luego se paga al egresar y sólo si se tienen ciertos ingresos.

Consideran que todo lo que se paga de aportes al Fondo no es un monto muy elevado respecto al costo de la carrera y también es poco de acuerdo con lo que podría pagarse en una universidad privada. Como máximo se recupera con el aporte al Fondo el 7% de lo que cuesta una carrera pública en promedio y con respecto a las privadas, calcularon que el aporte al Fondo durante toda la vida activa sobre el costo de estas carreras es como máximo de un 17%.

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